El proyecto político más trascendental de la izquierda en toda la historia de Colombia se ha empezado a derrumbar como un castillo de naipes. Sin haber cumplido el primer año en el poder, el gobierno del cambio, tal como lo promueve su mentor y actual presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, ha recibido duros remezones uno tras otro casi desde el día que asumió: 7 de agosto del año pasado.
Petro ha tenido que vivir en carne propia la férrea oposición que él mismo ejerció contra consecutivos gobiernos de turno a lo largo de toda su carrera política, adelantada primordialmente desde el Congreso de la República y le ha tocado lidiar con una seguidilla de escándalos que hoy, al momento de escribir este informe, tiene en la cuerda floja algunas de las principales reformas que ha promovido en busca de adaptar la legislación colombiana a su modelo político y a su forma de entender el funcionamiento del Estado.
El Presidente y su gobierno están cayendo bajo una implosión ocasionada por fuego amigo, en el que lo único que está claro hasta este momento, es que todavía queda mucha mugre por sacar de la parte de debajo de la alfombra presidencial, por la cual no ha podido caminar con tranquilidad el personaje que encarnó los anhelos y deseos de cientos de miles de colombianos que quisieron darle una oportunidad.
El escándalo de los audios del exembajador Armando Benedetti revelados por la revista Semana, no es, ni mucho menos, el primero y posiblemente ni el último de los pesados pianos que le han caído encima a un mandatario que le está dando la razón a quienes piensan que no estaba preparado para gobernar, una actividad muy distinta a la de ejercer la oposición, cosa a la que se dedicó durante toda su vida política.

En un momento dado, cuando sintió que podía pasar por un nuevo proceso electoral sin llegar a alcanzar el solio de Bolívar, Petro se viuo forzado a torcer su brazo y empezar a realizar alianzas por lo menos extrañas, que le han empezado a pasar factura desde muy temprano.
Gustavo Petro fue el líder y figura principal de lo que se llamó el Pacto Histórico, una coalición de fuerzas políticas progresistas, que prometían una Colombia con un modelo económico político y social muy diferente al establecido por décadas, en el cual se privilegiarían las necesidades más sentidas de los sectores populares.
Pero en su necesidad de asumir el poder, Petro fue ampliando el abanico de amigos del Pacto Histórico, a otro tipo de fuerzas no tan progresistas, militantes antiguos de la clase política tradicional que empezaron a respaldarlo con la única convicción real de tener un trozo del poder que podrían ganar en esa alianza.
Fue así como llegaron los Benedetti, los Roy, los Velasco, los Prada y el largo etcétera que, a la postre, le permitió aglutinar diversas fuerzas políticas que le dieron el triunfo en junio del año pasado. Lo que no pudo olfatear en aquel momento, fue lo que se le podría venir encima una vez le abre las puertas a curtidos políticos de vieja escuela.
Tal vez le pudo faltar ese sexto sentido que le tendría que haber indicado que llegaría el momento en que esas fuerzas políticas reclamarían sus espacios. Entonces, ¿cómo iba a proceder? Quizás fue un escenario que nunca pensó ni con todo el bagaje político que trae a cuestas un hombre que empezó su lucha desde muy temprana edad.
DAY, NICOLÁS Y REMEZONES
El primer ciclón con el que tuvo que lidiar Gustavo Petro no fue ni siquiera cuando ya estaba posesionado como Presidente. En abril del 2022 una visita de su hermando Juan Fernando Petro a la cárcel e La Picota, en Bogotá, despertó todo tipo de suspicacias, por la osada propuesta que el Presidente ha venido haciendo del concepto de ‘paz total’ en la que estarían interesados en participar muchos recluidos en las cárceles de Colombia.

Una vez subió al poder, tuvo un breve tiempo de luna de miel con la opinión pública, aunque ya por dentro del mismo gobierno se estaban presentando situaciones que no se conocían en público, pero que empezaban a erosionar la aparente solidez de la figura política presidencial y su círculo de colaboradores más cercanos.
Eran los tiempos en que se renovaron las relaciones diplomáticas y comerciales con el gobierno de Maduro en Venezuela, el Presidente acudía a foros nacionales e internacionales para hablar de su obsesión con la transición energética en Colombia y para advertir sobre la posibilidad de la extinción de la raza humana en caso de que lo gobiernos no adoptaran medidas tendientes a reducir la emisión de gases tóxicos para el medio ambiente.
Hasta que llegó el 3 de marzo de este año, cuando estalló el primer gran escándalo del gobierno. Day Vásquez, exesposa de Nicolás Petro Burgos, en entrevista con la revista Semana, reveló que su entonces esposo recaudó fondos para la campaña presidencial de su padre, pero que estos nunca fueron usados para fines electorales, sino que el mayor de los hijos de Gustavo Petro se lo habría apropiado para su lucro personal.
Más aún, Day Vásquez reveló que los dineros que recibía Nicolás Petro Burgos, con quien era pareja en tiempos de campaña, provenían de personajes con pasado oscuro en la Costa Caribe colombiana y dijo que antes de revelar todo lo que sabía, había estado reunida con el Presidente a quien defendió a capa y espada diciendo que este nunca se enteró de los movimientos de su hijo a nombre de la causa presidencial.
Después de eso vino una entrevista en la que Petro quedó mal parado al decir que él no había criado a Nicolás y pidió públicamente que fuera investigado por las autoridades competentes, al tiempo que negó una y otra vez que él tuviera conocimiento de las andanzas relatadas por Day Vásquez, quien las apoyó con abundante material probatorio que después aportó a las autoridades del caso que iniciaron las investigaciones, por la condición de diputado de la Asamblea del Atlántico que ostenta el hijo mayor del Presidente.
Nadie nunca sospechó en aquel momento que las revelaciones de Day Vásquez iban a tener tanta trascendencia en la actual coyuntura, cuando en su ataque de rabia, el exembajador Armando Benedetti dijo que en la Costa él puso los votos y que consiguió $15 mil millones para la campaña, un episodio que sin duda se encadena con lo denunciado por la exesposa de Nicolás Petro, quien dijo que su entonces marido era el encargado de recibir los aportes y que era mucho el dinero que se movía en esos momentos, con destinación y procedencia desconocida e incierta hasta el momento.
Es fácil saber que quien manejó política y financieramente la campaña de su padre en la Costa fue Nicolás Petro Burgos, pero se desconocía la injerencia que sobre las fuentes de financiación y la coordinación de los montajes proselitistas, tenía el jefe de la campaña, Armando Benedetti nacido en Barranquilla, que fue la ciudad central de esa campaña en la región Caribe.
¿Y LOS 15 MIL MILLONES A DÓNDE FUERON A DAR?
El bochornoso enfrentamiento entre Armando Benedetti y Laura Sarabia, uno embajador en Caracas y la otra Jefa de Gabinete (ambos separados de sus cargos), sacó a la luz pública mucho más de lo que cualquier mente malintencionada se hubiese llegado a imaginar.
El episodio de la niñera Marelbys Meza, involucrada en la pérdida de un dinero en la casa de Laura Sarabia, iba a ser apenas la primera parte de un escándalo mayúsculo, cuyos alcances hasta el momento siguen siendo desconocidos para todos.
Allí la niñera fue objeto de todo el poder del Estado ejercido por su jefa para tratar de hacerla responsable del robo de una suma que al parecer era de $150 millones en efectivo, después aparece en escena el embajador Benedetti, quien días antes de las declaraciones que la niñera dio a la revista Semana contando lo acontecido en enero de este año, la había llevado el vuelo privado a Caracas.
El culebrón de Palacio no paró ahí. Después se conoció que tanto Marelbys Meza como la empleada doméstica que se encargaba de las labores del hogar de Laura Sarabia, estaban siendo interceptadas ilegalmente por la Policía por una orden que nadie sabe quién dio, pero puso sus números telefónicos en un listado de interceptaciones legales que se estaban haciendo dentro de labores de inteligencia contra el Clan del Golfo.
La revista La Injusticia ha venido haciendo cubrimiento de todos estos episodios con voz serena y mirada distante e imparcial de los acontecimientos. Lo de la niñera de Laura Sarabia sería el detonante del bombazo mayor que está cayendo hoy sobre el cantón presidencial.
Se supo entonces de la distancia rabiosa que había entre Sarabia y Benedetti, antiguo jefe suyo en la Unidad de Trabajo Legislativo del Senado, de donde se la llevó a la campaña Petro Presidente, ejercicio en el cual se ganó la plena confianza del actual Jefe de Estado y llegó a ser la segunda persona más poderosa del país, después de Gustavo Petro.
Vale la pena dejar claro que el Presidente Petro no botó a Sarabia y a Benedetti, sino que, como él mismo lo dijo, los separaba temporalmente de sus cargos mientras se surtían las investigaciones.
Hoy se hace obvio que Benedetti nunca estuvo contento con la parte del poder que le dieron tras el triunfo electoral, el cual se atribuye por su contribución en la consecución de recursos, el movimiento de dirigencia política en la región Caribe y la organización de decenas manifestaciones políticas.
Al parecer quería un Ministerio o un cargo mucho más cercano al Presidente. Se sintió maltratado por su antigua subalterna y explotó contra ella en diversos momentos que fueron recogidos en una serie de audios filtrados a la Revista Semana que los publicó desatando el polvorín político más ciclónico del que se tenga noticia desde los años en que el entonces Presidente Ernesto Samper fue investigado y acusado porque su campaña fue infiltrada por recursos del narcotráfico, en el conocido proceso 8.000.
Los audios de Benedetti han provocado un sisma impensado. El trámite de las reformas en el Congreso tuvo que ser pausado, la agenda del Presidente se alteró totalmente, la oposición convoca a marchas, se teme por la estabilidad de Ecopetrol, la empresa más rentable del país, de la que es Presidente Ricardo Roa Barragán, quien fuera el gerente de la campaña de Petro.
Muchos nombres reconocidos salpicados en las palabras de Benedetti, quien tras el tierrero que levantó con sus afirmaciones filtradas, parece no saber bien qué hacer, ya que primero salió a pedir disculpas al Presidente y a Laura Sarabia porque según él los audios fueron manipulados, posteriormente la propia revista Semana publica una entrevista en la que, con un cuchillo en la boca, se niega a responder abiertamente quién o quiénes fueron los que pusieron la plata de la campaña de Petro en la Costa, luego trina que tratan de desprestigiarlo para desacreditar futuras revelaciones que pueda hacer, borra ese trino y a renglón seguido publica otro en el que afirma que se dejó llevar por la rabia y el alcohol.
¿Qué estará pasando que se desconoce por parte de la opinión pública para que Benedetti actúe de esa manera tan errática? ¿Qué tiene que ver en todo esto el Clan de los Torres, mencionado tanto por Benedetti como por Máximo Noriega ficha principal del Pacto Histórico y mano derecha de Nicolás Petro en el Atlántico?

Como se sabe, Benedetti llevó a esos empresarios a la campaña de Petro en el Atlántico. Euclides Torres es la cabeza principal de un grupo de hermanos que manejan diferentes concesiones, entre ella la del alumbrado público y cuantiosas sumas para financiar campañas.
Su hermano Dolcey Torres fue elegido con 58 mil votos para la Cámara de Representantes y el otro hermano es Camilo Torres, muy apreciado en las huestes del Pacto Histórico en el Atlántico como así lo dejan ver militantes de esa agrupación política.
¿Cuánto habrán costado los votos de la Costa? ¿Los 15 mil millones en qué fueron usados? La última palabra la tiene la justicia, que tendrá que sobresalir en este caso. Tiene una gran responsabilidad la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes donde ya han sido radicadas denuncias penales formales contra el Presidente, como también la tiene la Fiscalía y demás organismos de control.
Colombia tiene una institucionalidad que ha pasado duras pruebas a través de los años y siempre ha salido adelante. Los colombianos confían en que en este caso no sea la excepción.




5 comentarios
Pobrecito nuestro país Colombia no sabemos asta que punto pueda aguantar tanta maldad y destrucción que estos malvados gobiernos lo someten
Salió peor el remedio que la enfermedad. Los ilusos que pensaron que un guerrillero iba a salvar a colombia muchos hoy están arrepentidos
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