El país debe estar consciente de que los dineros de la paz son tan sagrados como la paz en sí. Ya en el pasado hay nefastas experiencis de recursos esquilmados al erario por cuenta de la paz y todo hace indicar que con el proceso de paz con las FARC la historia se repite. Alerta a las autoridades.
La historia hay que conocerla y recordarla sobre todo en este proceso de reinserción que hoy vivimos con la FARC EP para que no se repita, para que no nos vuelvan a robar la paz como ya ocurrió con las desmovilizaciones de los años 90, donde un reducido número de los dirigentes de las facciones desmovilizadas se hizo con el “botín”, dejando a la gran mayoría de combatientes sin ninguna posibilidad en la reinserción para lograr mejor vida.
Los excomandantes crearon un sinnúmero de ONG para manejar cuanto recurso y beneficios “pactaron con el Estado” y de esa manera los excomandantes direccionaban los recursos a supuestos proyectos, supuestos desmovilizados, supuestas viudas, supuestas capacitaciones, todas ellas encaminadas al enriquecimiento personal de los antiguos comandantes convertidos en ordenadores de gasto del estado colombiano.
Hoy aún no ha habido autoridad en el país para enjuiciar a estos ladrones, no solo del erario sino de nuestro bien más preciado: la paz; claro, la mayoría de los desmovilizados del M-19, de la corriente de renovación del EPL y de otras facciones al esperar en vano las ofertas prometidas sin alcanzarlas entraron a lo que llamaron la puerta giratoria, se regresaron a la guerra en la mayoría de los casos cambiando de orillas ideológicas o para movimientos que seguían en la guerra; en cambio los excomandantes comenzaron la opípara vida social en clubes, hoteles, paseos, whisky, vinos y restaurantes costosos.
El robo de todos estos recursos por parte de unos cuantos avivatos de la desmovilización guerrillera de los años 90 dañó la política diseñada para la reinserción y perjudicó la posibilidad de mostrar que sí era posible la paz. En el gobierno del presidente Uribe frente a tamaño desangre del dinero de los colombianos se propuso una ley de punto final que no fue otra cosa que seguir premiando a los excomandantes a través de sus ONG para un último gran desembolso que desgraciadamente continuó inmerso en la corrupción de quienes siempre se beneficiaron de ello. Bastaría mirar solo el
ascenso social y económico de varios de estos excomandantes y allí la prueba reina del enriquecimiento ilícito.
Se repite la historia con las FARC EP, hoy cursan procesos penales contra varios ciudadanos encabezados por el familiar de alias Ivan Márquez, Marlon Marín, con la absoluta seguridad que los nombres rimbombantes de ONG creadas o compradas para esquilmar los recursos de la paz es idéntico al ya probado en la reinserción de los años 90 -con la diferencia que en esta ocasión es un solo grupo muy numeroso – pero de igual manera los proyectos pro-reinserción coparan todos los campos de la economía colombiana, la política social, capacitación, proyectos de mejor vivir, todos susceptibles a la corrupción mal endémico no solo del país político sino que en este caso también de los excombatientes.
Mientras los mismos excomandantes sigan “recomendando” a los encargados de todo este tsunami de proyectos, será mucho el dinero que quedará en las alforjas de los viejos y aprovechados ayer comandantes, hoy dirigentes de las FARC.
Para que exista realmente una acertada política de reinserción hay que luchar y vigilar porque todos estos beneficios provechosos le lleguen al exguerrillero raso, que realmente es quien hacía la guerra, que se sientan acogidos no solo en el seno de nuestra sociedad sino en el futuro de un bienestar provechoso para él y para su familia, si esto no ocurre volverán a la puerta giratoria en su mayoría y este gran esfuerzo se volverá a perder como en el pasado.
En esta ocasión para defensa de los colombianos parece que a la cabeza de cuidar estos recursos está el fiscal Néstor Humberto Martínez, quien tiene claro que no es solo la autoridad penal para encarcelar a los ladrones de los dineros de la paz sino también la alerta al gobierno para exagerar al máximo los controles de estos desembolsos y que queden en los que realmente están postulados.
Que bien que nuestro fiscal no piense como pensaron las autoridades en las desmovilizaciones de los 90 “que era preferible que unos cuantos exguerrilleros se robaran esos recursos a tenerlos disparando en el monte”. Sin embargo, el caso Santrich ha desplazado la investigación del nuevo robo de los excomandantes de las Farc a la plata de la paz. ¡No más Arco Iris!


