EDITORIAL: LA PAZ, MUCHO MÁS QUE LOS DIÁLOGOS DE LA HABANA

Hoy cuando los colombian@s recibimos las noticias de los DIÁLOGOS DE PAZ que se adelantan en La Habana, en nuestra mente se mezcla casi de forma in- mediata una contradicción de emociones que van desde la incertidumbre, la incredulidad y esperanza.

Quién no quiere que de una vez por todas se acabe este horroroso episodio de la violencia armada en el país, quién no aspira que los campos y ciudades dejen de ser regados por la sangre de colombianos y colombianas, que en la mayoría de los casos son ajenos al conflicto armado. Pero también quién no siente desconfianza que lo anterior no cuaje, máxime si la historia está llena de diálogos estériles, que casi han acabado con la reserva de esperanza de los ciudadanos.

Hoy, cuando nos encontramos ante un nuevo proceso de paz –y este parece más avanzado que los anteriores, toda vez que las FARC EP, no discuten una transformación del Estado, sino unas condiciones para su desmovilización- nuevamente surge la esperanza del corazón, pero con el realismo en la razón.

Es claro que de llegarse a una DESMOVILIZACIÓN de una de las mayores y más antiguas guerrillas de la historia contemporánea de la humanidad como son las FARC EP – y de seguro esto será replicado por el ELN- esto aportará en gran medida a la disminución de la violencia en Colombia y con ello a enrutar el camino de la paz, pero en modo alguno será la paz.

La paz no es el cese de los fusiles, aunque esto sea una condición necesaria para ello. la paz es un estado árbitro imparcial de todos los intereses y no un juez que juega con dados cargados, defendiendo intereses particulares.

La paz es mucho más que el silencio de los fusiles, la paz es bienestar social, la paz es justicia material, la paz es democracia política, la paz son instituciones judiciales dignas y no tramposas

Por ello, respaldar la negociación y esperar que esta funcione se convierte en un deber ciudadano y político, pero también estar preparado para que si esta fracasara, utilizar todos los instrumentos legítimos para lograrla mediante el ejercicio del MONOPOLIO DE LAS FUERZAS ARMADAS y con las reformas institucionales necesarias, es un deber institucional y un derecho ciudadano.

Las reformas que requiere este país no deben ser graciosas concesiones de un proceso de paz y mucho menos se deben estancar si este proceso fracasare. Hoy más que nunca se requiere una REFORMA A LA JUSTICIA Y AL REGIMEN POLITICO.

Un Estado tramposo, unos jueces que aplican “INJUSTICIA” son el caldo de cultivo para la violencia y por mucha desmovilización de guerrillas, si estas reformas no se dan, la paz solo será un ideal para capturar incautos en una estrategia de maldad.

Por lo tanto, la PAZ no es LA HABANA. Es mucho más.

 

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