ARTÍCULO: MEMORIAL DE AGRAVIOS CONTRA EL SENADOR CÁCERES

Andrés Pastrana, ex Presidente de la República.


Reproducimos uno de los más controversiales capítulos del libro LOS SECRETOS DEL GENERAL SERRANO, en el cual queda al descubierto la persecución política que desde el gobierno de Andrés Pastrana se ejerció contra el entonces Senador Javier Cáceres Leal por sus múltiples batallas contra la corrupción.

La no participación del general Serrano y de sus hombres de inteligencia en la búsqueda de los “pecados” del senador Javier Cáceres causó malestar en algunas esferas del gobierno de Pastrana.

Cáceres se había convertido en el inquisidor del gobierno, y no había quién lo parara. Ya había denunciado el caso Dragacol, el mayor escándalo enfrentado por la administración Pastrana, relacionado con una conciliación irregular con esa firma de dragados, en la que el Estado perdió más de 20.000 millones de pesos.

También había tumbado al secretario privado del Presidente, Juan Hernández, tras un debate en el Congreso en el que denunció que familiares suyos tenían contratos con entidades estatales. Cáceres se refería a un contrato firmado entre Acertar —firma de la esposa de Hernández— y el Estado para dotar de uniformes a la Policía y al DAS.

Durante el debate, el polémico senador calificó al hombre de confianza de Pastrana de lavador de activos y evasor de impuestos. Estas acusaciones —según Cáceres— tenían pleno fundamento porque Hernández había comprado un apartamento de 600 millones de pesos cuando en los últimos ocho años su patrimonio, según lo declarado ante la DIAN, no superaba los 75 millones.

Luego armó un nuevo escándalo nacional al denunciar la existencia de una cuenta oculta en Cartagena, abierta para financiar actos proselitistas de la campaña que llevó a Pastrana a la presidencia.

La indignación en el alto gobierno era tal que algunos miembros de la administración buscaban afanosamente pruebas que demostraran que su inquisidor no era tan santo y que tenía sus “guardados”.

Días después comenzó a circular en el alto gobierno y en los medios de comunicación un documento de 108 páginas titulado “Javier Cáceres Leal”, que resultó ser un pasquín que se metía con la vida privada del senador y no aportaba una sola prueba contra el inquisidor. Por eso, ningún medio de comunicación se atrevió a publicar su contenido, que en algunos de sus apartes decía:


El personaje es un hombre de origen humilde que toda la vida vivió en el barrio San Francisco, uno de los más populares de Cartagena. Allí se formó en medio de la pobreza, demostrando una aguda capacidad de sobrevivencia, iniciándose en el mundo de los negocios en la actividad de ‘jíbaro’ (vendedor al pormenor de droga). […] Desde su frágil posición económico-social se va adentrando en la vida política como ‘calanchin’, por no decir sirviente de propinas, del conocido ex concejal conservador ‘El Burro’ Marrugo Pérez (q. e.p. d.).

[…] Es conocida su vida licenciosa en cuanto a mujeres, cuya cantidad se le desconoce, pero es altamente promiscuo, hasta el punto de que se menciona que ha tenido relaciones homosexuales. […]

Es un hombre Purina —así le dicen en la costa—, es estéril, pues tuvo paperas y se le bajaron a los testículos. […] Además, es evidente su adicción a la coca. […] Tiene una capacidad tremenda para negociar con las debilidades humanas de su enemigos y amigos circunstanciales. Por eso se le teme.

Es un hombre fuerte en el manejo de la extorsión. […] Se pavonea exclamando que a él nunca le podrán probar nada…


 

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La indignación en el alto gobierno era tal que algunos miembros de la administración buscaban afanosamente pruebas que demostraran que su inquisidor no era tan santo y que tenía sus “guardados”

Como el documento se quedó en el anonimato, a oídos de Serrano y de su gente llegaron noticias en el sentido de que había malestar en algún sector del gobierno porque ellos no habían colaborado en la busqueda de pruebas contra Cáceres.”¿ Qué querían que hiciéramos? ¡Si no se le encontró nada!, dijo uno de los oficiales.

Cáceres, por su parte, le hizo saber a la Policía que esa era la única fuerza en la que confiaba para contrarrestar las amenazas contra su vida.

 

ES DE VIEJA DATA LA PERSECUCIÓN CONTRA CÁCERES LEAL

LA REVISTA

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