El testigo falso declara sin odio. Sin rabia. Sin ira. ¡Sin pasión!
El testigo falso declara sin odio. Sin rabia. Sin ira. ¡Sin pasión!
¡Sin carga emocional! Es calculador y meticuloso.
En suma: es frio, tenebroso y escalofriante.
Y todo, por una razón muy sencilla: no conoce a su víctima. No conoce al protagonista de sus relatos. No ha vivido aquello que cuenta y relata con pasmosa y escalofriante “serenidad objetiva”. No se turba. No se altera anímicamente, porque no tiene emociones vívidas en su psiquis.
Todo es producto de su inagotable y criminal imaginación. No necesita fingir emociones porque corre el riesgo que éstas lo delaten.
Es perversamente malvado y sonríe mientras gesticula su prosa criminal, meticulosamente preparada con la debida antelación al “acto solemne” de recitarla, tal como le fue enseñada su lección o como planeó su personal y macabro verbo en contra del sujeto de testimonio de turno.
La pregunta es:
¿Cuál de los dos —juez o testigo— es más perverso o malvado?
El juez si conoce a la víctima del testimonio.
El juez si conoce a su preso.
El testigo falso no conoce a su acusado.
El Juez está obligado a conocer a su preso, a su acusado, antes de ordenar encerrarlo.
El testigo falso no debe ni tiene por qué tener pasión en lo que hace criminalmente.
El juez está obligado a tener pasión por la función que desempeña entre los hombres.
“Se equivoca Margarita Maria Restrepo cuando escribe que los desmovilizados declaran como lo hacen y se les conoce porque ‘sienten un odio visceral’. ¡Eso no es cierto!.”
La judicatura es un apostolado que no se ejerce sin humanidad. El Juez tiene que sentir emoción cuando juzga, acusa y encierra a un semejante. La misión del Juez no está vacía de contenido humanístico. Su proceder no puede ser siniestro ni criminal. En la medida en que el Juez es ecuánime, humanista y con sindéresis jurídica, esto le permite dormir tranquilo.
“Qué desgracia que la toga se ponga al servicio de la politiquería y se convierta en un descarado instrumento de poder para aniquilar al contrario, o a mi adversario político o personal.”
Se equivoca Margarita Maria Restrepo cuando escribe que los desmovilizados declaran como lo hacen y se les conoce porque “sienten un odio visceral”. ¡Eso no es cierto!
Tampoco es cierto, que los desmovilizados son antiuribistas, los magistrados si lo son.
Estas personas, cuando actúan bajo la etiqueta de “testigos falsos”, ¡declaran sin emoción alguna! ¡Con enigmática tranquilidad! Al punto que los jueces que los escuchan en las audiencias públicas duermen plácidamente ante los macabros relatos de estos, porque de antemano conocen esa película que se reedita en las audiencias públicas y que ya son el recital de lo planeado por auxiliares “judiciales” e “investigadores”, que cumplen esos siniestros y malhadados encargos dizque “judiciales” ¡cuando delictivos son en toda su esencia y dimensión!
Sin duda ninguna, ¡la mayor perversidad está en el juez! Primero porque no debe permitir lo indebido, incorrecto, ilícito y lo maldadoso.
Y segundo, porque no debe auspiciarlo, propiciarlo y estimularlo descarada y cínicamente.
Si…
Qué pena que se utilice la toga para frenar aspiraciones políticas legítimas. Qué tristeza que la toga sirva para despejarle el camino a un candidato cercano a los afectos y apetitos políticos y personales del Juez.
Qué desgracia que la toga se ponga al servicio de la politiquería y se convierta en un descarado instrumento de poder para aniquilar al contrario, o a mi adversario político o personal.
Qué tragedia que la toga la ciñan personas inescrupulosas que posan permanentemente de honestos y de límpidos estandartes de la moral, cuando en realidad son sepulcros blanquecinos que por dentro llevan iniquidad y putrefacción, y pese a todo ello se enorgullezcan sin sonrojo de la toga bien ceñida, impecable y con el cordón dorado al pecho, pero escandalosamente inmerecida por la falta absoluta de honor, honra y dignidad de juzgador rectilíneo con apego a la moral y a la ley.
“ Que el testigo falso sea malvado y perverso, es excusable. Menos no se puede esperar del criminal que ha dedicado su vida al delito.”
Que el testigo falso sea malvado y perverso, es excusable. Menos no se puede esperar del criminal que ha dedicado su vida al delito. Pero que el Juez no solo sea complaciente con ese ominoso proceder criminal sino que, además de ello, lo propicie y lo estimule, revela un grado mayor de maldad y de siniestra criminalidad superior a la del delincuente que falsamente acusa a quien no conoce, con la sabida complicidad del juez receptor del relato mentiroso e irreal.
Tomado de: http://www.centrodemocratico.com/columna-infamia/
JAVIER CÁCERES LEAL



