En el Alto Gobierno uribista existía una discusión sobre el tema del órgano de cierre en materia constitucional, algunos partidarios de una sala mixta, otros defendían que era la Corte Constitucional. El presidente Uribe decidió que debía ser la Corte Constitucional, así lo manifestó (choque de trenes); este es el germen sin discusión de uno de los enfrentamientos más recientes y recios entre el ejecutivo y el poder judicial; en especial la hasta entonces Honorable Corte Suprema de Justicia y su todopoderosa Sala Penal. Quienes se sintieron “atacadas” por Uribe, entonces decidieron confrontarlo con las “armas” de la justicia para cobrar semejante “afrenta”; vinieron las reuniones de la sala plena, que se convirtieron en “sala de desquite y confabulación” contra el gobierno uribista.
El gobierno informado del protervo actuar de estos togados, los graba recaudando las pruebas del ilegal proceder, la UIAF los investigaba. Los miembros de la Corte Suprema de Justicia hacen de su “vendetta” una solidaridad de cuerpo, donde la Corte Constitucional hace el juego a pesar que la guerra fue iniciada para que ellos fueran el órgano de cierre; la pelea se fue agudizando en un país en guerra, este enfrentamiento entre el ejecutivo vs. el judicial quien dirigió sus ataques y poder contra el desprestigiado poder legislativo, sobre quien indudablemente los magistrados podrían en principio de manera rápida y hasta acolitados por los manejadores de la opinión publicada; quienes el olor a “sangre” los magnifican para lograr “chivas” y causar todas las bajas para intimidar no solo al gobierno uribista, sino también al legislativo como en efecto se hizo. Las grabaciones del DAS no son ilegales, sus contenidos muestran la actitud criminal de los ahí grabados y basta revisar los expedientes de las víctimas del poder legislativo para reafirmar los hechos protervos que se cometieron.
Uribe de talante guerrero, nunca rehuyó de esta guerra con el poder de la Corte Suprema. Los colombianos recordarán incidentes que fueron encrudeciendo de un lado y otro la guerra, regando el campo de batalla con sangre inocente, sangre del poder legislativo.
INCIDENTES:
El caso del magistrado Valencia Copete, quien a la sazón fungía como presidente de la Corte y de quien Uribe dijo le había pedido ayuda para ser Presidente de la Corte y buscar puestos con el guiño del gobierno; a su vez, el magistrado denunció que Uribe lo había llamado para preguntar por el proceso de su primo Mario Uribe, situación que Uribe llevó a la Comisión de Acusación y Valencia Copete buscó como abogado al ex Director del DAS, reconocida pluma de odio uribista, al Dr. Ramiro Bejarano.
Fueron muchos los incidentes que metieron leña seca al fuego de esta guerra de poderes en un país en guerra, todos ellos documentados por los medios noticiosos: la fallida reforma a la justicia, el cambio de la terna de fiscal, mantener Fiscal (e), declaraciones de cada lado del conflicto.
“Que sigan votando mientras los meten presos” frase irónica de Uribe contra la agresión de la Sala Penal a los miembros del legislativo. Con estas actuaciones el Poder Judicial intimidaba al Congreso para no aprobar el referéndum que consultaba la posibilidad de un tercer periodo de Uribe. Sin lugar a dudas, esta criminalidad de la justicia está enmarcada en la jurisdicción de la Corte Penal Internacional; que más tarde que nunca está obligada a ejercer su mandato en Colombia y contra las altas cortes, por su criminal proceder en contra de inocentes, víctimas del odio a los uribistas de parte de los togados.


