EDITORIAL: La inseguridad jurídica, madre de todos los vicios…

Desde el principio de la carrera de Abogado, se enseña en las escuelas de formación jurídica que los problemas del derecho son las “interpretaciones”.
Esta máxima jurídica que gravita en las mentes de los futuros abogados, fuese una frase de hondo calado filosófico, sino fuera que con ella se justifican en gran medida la arbitrariedad e inclusive, la ilegalidad.
El papel del juez ha sido variado en la historia, desde aquel juez que solo actuaba ante las pruebas presentadas por las partes, hasta el hoy empoderado “Juez Hércules”, es decir, el juez todo poderoso que todo lo puede, ha transcurrido un largo trecho histórico y porque no decirlo, un largo reguero de injusticias, barnizadas con
el remoquete de “sentencias”.
Bajo la premisa de la “interpretación”, los jueces han venido en muchos casos, torciéndole el cuello a la Ley, para bajo la
premisa de un mejor derecho, satisfacer su deseo intimo: El Gobierno de los Jueces.
No son pocos los casos, en donde estos “servidores públicos” sin ruborizarse siquiera, en sus sentencias, trastornan el sentido lógico de una ley, bajo el criterio subjetivo y muchas veces interesado, para ajustar una decisión que beneficia a un tercero o a ellos mismos, en un fallo judicial.
No es que nos estemos oponiendo a la interpretación de las normas o a la solución de casos difíciles, como hablan los tratadistas de las nuevas escuelas interpretativas, sino lo que estamos diciendo es que la historia judicial de este país, está cargada de fallos incoherentes que no guardan relación con las líneas jurisprudenciales de altas cortes e inclusive, estas mismas altas cortes, no respetan la consuetudinaria jurisprudencia de ellas mismas.
La solución a los problemas dentro de un proceso, no pueden ser vistos como una situación que afecta solo a las partes, por el contrario, una decisión injusta dentro de un trámite judicial afecta a toda la sociedad, dado que deben ser los jueces por vocación y por mandamiento legal, aquellos que con sus actuaciones hagan confiar a la sociedad, que no se necesita el uso de la fuerza, la eliminación del contrario o la venganza, para resolver los conflictos entre los ciudadanos.

Bajo la premisa de la “interpretación”, los jueces han venido, en muchos casos, torciéndole el cuello a la Ley.

La interpretación absurda o generada por la compra y venta de fallos , o para impartir “venganza judicial” o “ venganza política” como sucedió en muchos procesos de la Corte Suprema de Justicia – Sala Penal, por ejemplo- son la fuente de la inseguridad jurídica y con ella , la gasolina que pone en funcionamiento el motor de la corrupción y de la injusticia.

Luchar de forma académica y judicial contra la arbitrariedad judicial, más que garantizar unos juicios justos, es un imperativo categórico para lograr la paz y la convivencia pacífica.
Un juez arbitrario o venal, es mil veces más peligroso que un terrorista, el terrorista mata a las personas, pero el juez venal y arbitrario elimina la confianza en la rama judicial y este es el principio de todos los males.

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