Hablar de corrupción en Colombia se ha convertido en lugar común de tertulias y de los medios de comunicación. El escándalo del día tiene siempre tanta fuerza, que logra opacar al escándalo de ayer. Pero cuando se habla de corrupción en la rama judicial, los cimientos del Estado tiemblan, y aunque todo pareciera indicar que nunca sucederá nada y que las aguas volverán a su cauce normal, no se puede negar que la fuerza de ésta corriente logra escarchar la muralla institucional.
Cuando los ciudadanos acudimos a la justicia siempre soñamos o esperamos que un Juez justo nos conceda el Derecho, frene la arbitrariedad o imparta castigo al infractor. Cuando los ciudadanos acudimos a la justicia, nos sometemos a las reglas del juego de las sociedades modernas, que imponen no tomarse la “justicia” con la propia mano.
Lo que no logra pasar por la mente de los simples ciudadanos, es que nos vayamos a encontrar con jueces que no miran los escritos y las pruebas, sino la prebenda que le ofrezca la parte o la contraparte. Cuando esto sucede, toda la arquitectura del Estado tiembla y la desesperanza nos embarga.
“corrupción es también TORCER el sentido natural de la justicia…”
Pero, ¿solo será corrupción pedir coimas para un fallo?, ¿para torcer el sentido de una prueba?, ¿para demorar una investigación a fin de que prescriban los delitos?, ¿para alterar un reparto?
Por muy deleznables que sean estas conductas que relatamos en el párrafo anterior, corrupción es también TORCER el sentido natural de la justicia, impartir venganza política antes que justicia material, fallar a sabiendas que está demostrada la inocencia del investigado, conspirar para lograr que un adversario sea retirado del ejercicio democrático con un juicio sesgado; en resumidas cuentas, PREVARICAR.
Pareciera que el PREVARICATO, delito imputable a los administradores de justicia, fuese un tipo penal de menor envergadura que el cohecho o la concusión. Pero no, este tipo penal tiene tanta perversidad o es más grave que la petición de una vulgar coima. El prevaricato mina la confianza en la justicia, mientras la concusión o el cohecho afrentan al interés personal en la contienda. El Juez prevaricador atenta contra todo el andamiaje judicial. Un Juez prevaricador que falle en contra de las pruebas o que fabrique pruebas como por arte de magia, es más peligroso que cien bombas terroristas.
“ la justicia es la sal de la sociedad, pero cuando ésta se corrompe, toda la sociedad queda a merced de la barbarie.”
Por ende , si de reforma a la justicia se trata, no se tiene que garantizar con esta que la justicia no sea manoseada por los mercaderes de los fallos y de poderosos intereses, sino que también se logre descontaminar la misma de manzanas podridas que tienen como arma preferida el PREVARICATO, para con este impartir venganza política. La sal tiene la capacidad de limpiar, de marinar y en este caso, la justicia es la sal de la sociedad, pero cuando ésta se corrompe, toda la sociedad queda a merced de la barbarie.
MARTHA LUZ MARRUGO



