¿NADIE SALVARÁ A CARTAGENA?

Estafadores, hampones y antisociales los hay en todos los destinos turísticos del mundo. Gente con mala intención y con ganas de abusar del turista pululan en aquellos puntos privilegiados del planeta que han sido bendecidos por la historia o la naturaleza y que frecuentemente son foco de atención de cientos de miles de viajeros que están en busca de esos lugares en los cuales poder disfrutar un descanso, realizar algún evento o simplemente conocer.


Cartagena de Indias no es la excepción y el hecho de que a unos mexicanos les cobren 45 mil pesos por una gaseosa o 250 mil pesos por ‘servicios’ en la playa, no sería más que una anécdota y en cualquier parte el turista recibiría el apoyo que se merece por parte de las autoridades, se iniciaría una investigación contra quienes cometen ese tipo de atropellos y al final todo volvería a la normalidad.

Pero eso no sucede en Cartagena, donde desde hace algún tiempo, los abusadores, estafadores, antisociales camuflados como operadores del turismo, no solo se han afianzado, sino que se han multiplicado, afinando sus prácticas ilegales, implementando nuevas estrategias en contra del visitante, todo ello ante la mirada pusilánime de una dirigencia que se queda impávida, con las manos abajo, asistiendo al triste espectáculo de una ciudad que ve desmoronarse su razón de existir: el turismo.

En Cartagena se ha pasado de la ostra ‘regalada’ que era una estrategia de venta para enganchar al turista, a la ostra por la que tienes que pagar 100 mil pesos. Pasamos de los artistas callejeros, en los andenes de la ciudad amurallada haciendo de estatuas humanas esperando una moneda a cambio, a un grupo de supuestos raperos que acosan al turista con parlantes y rimas por los cuales exigen propinas cuantiosas.

Las lindas palenqueras que de verdad antes eran parte del paisaje colorido del Corralito de Piedra, ya no venden frutas, sino que están allí esperando al foráneo para cobrarle en dólares por una foto, los habilidosos estafadores de la Plaza de los Coches haciendo el ‘paquete chileno’ siguen allí haciendo de las suyas.

El panorama no puede ser más desalentador para quien llega a la ciudad a hacer turismo, que ocupa un hotel, que utiliza el transporte local, que come en los restaurantes locales, que compra recuerdos para llevarse de la ciudad, que sin duda es motor fundamental de la economía de una ciudad que hoy en día pareciera no acogerlos, sino más bien esperarlos al acecho como si fueran una presa que solo representa dólares.

Se trata de un diagnóstico hecho desde hace mucho tiempo. La logística del turismo en la ciudad atraviesa por uno de sus peores momentos y detrás de aquellos que se atreven a denunciar las estafas de las que son objeto, hay cientos más que no lo hacen, porque siguen encontrando los encantos naturales de un punto en el mapa que no puede permitir que mientras un extranjero descansa tranquilamente en sus playas, sea asesinado a balas sin fórmula de juicio.

¿Y dónde está el piloto?

Lo peor de este nuevo escenario que está afrontando Cartagena de Indias es la forma vil, como los promotores de otros destinos nacionales están mostrando las cosas malas que le suceden a los turistas en la ciudad, para invitarlos a sus destinos. “No vaya a Cartagena, que allá lo atracan, venga a tal parte que aquí se trata bien al turista”, se lee con frecuencia en redes sociales desde perfiles y cuentas dudosas.

Ante tal arremetida contra Cartagena de Indias en las últimas semanas, la gente se pregunta ¿Y dónde está la autoridad? ¿Dónde está la voz líder que salga a defender a la ciudad? ¿Será acaso el presidente del Senado el que tenga que salir en sus redes comiéndose una mojarra en Bocagrande a decir que en la ciudad los buenos son mayoría?

El desbalance caótico que está padeciendo la ciudad, reflejan ante el resto del país y el mundo que al parecer no hay autoridad que pueda liderar una verdadera estrategia en contra de la difamación (justificada o no) de que ha venido siendo Cartagena de Indias en las últimas semanas.

No se puede tapar el sol con una mano. Es cierto que hay mucha gente dispuesta a hacer sus fechorías en contra del turista, pero como lo dijimos al principio de este artículo, eso sucede en todas partes y Cartagena no se representa con estas personas, ya que el cartagenero es una persona honesta, trabajadora y pujante que sabe perfectamente que el turista es el invitado de honor y así lo han tratado siempre, porque toda la vida ha convivido con él.

Pero lo bueno hay que mostrarlo. Hay que salir a poner la voz bien en alto para recalcar todo lo bueno que tiene el cartagenero y la ciudad, a fin de no perder la buena imagen y el encanto que la historia y la naturaleza le han dejado.

Otras ciudades de Colombia con mucho menos para ofrecer que Cartagena de Indias impulsan campañas de promoción de las cosas buenas, sus dirigentes se vuelcan a tratar de atraer visitantes, las cosas malas las investigan y lideran programas para evitar que vuelvan a suceder.

Cartagena es vista hoy como la mala del paseo, cuando la realidad es que la responsabilidad recae sobre unos pocos, algo que no se resalta por ninguna parte. El barco se hunde y no hay capitán ni timonel que enderece el rumbo.

Urgen medidas de choque contra los abusadores, los vendedores de droga, los que promocionan la ciudad como destino de turismo sexual con menores, contra los acosadores de turistas, contra quienes no son sensatos a la hora de ganarse la vida con buenas prácticas orientadas a complacer al turista y que este se vaya de la ciudad hablando de lo bien que la pasó y lo trataron y así haya más personas con ganas de visitarnos.

Es cuestión de autoridad. Estamos esperando esas estrategias para la defensa de la ciudad y su gente buena, esas voces que salgan a resaltar todo lo lindo que hay aquí, pero también las acciones en contra de los que no están del lado de la ley y que abusan y estafan. Queremos que la autoridad se haga sentir.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No te vayas sin leer...