Colombia sigue siendo el mayor productor de cocaína del mundo y hay miles de hectáreas cultivadas con la hoja de coca.

¿Es posible que se acaben los cultivos ilegales en Colombia?

El presidente Gustavo Petro saca pecho orgulloso por cifras que hablan de una leve disminución de los cultivos ilícitos, a pesar de sus medidas que son consideradas como ‘tibias’ por algunos analistas que no están de acuerdo con la suspensión de la erradicación manual.

Las políticas del gobierno Petro se han mostrado laxas con el narcotráfico y todo hace indicar que a pesar de la aparición de drogas como el fentalino, la cocaína todavía es de alto consumo en los países desarrollados

Ya para entonces Colombia no sería la tierra del olvido, sino de los recuerdos. De los malos recuerdos. Un país grisáceo sin mucha gracia ubicado en un extremo norte de Sudamérica, del cual ya se hablaría poco en los medios de comunicación mundial, un país que con ínfulas de rico, pasando penas con sus problemas cotidianos, deuda externa, bandas criminales, disidencias de las disidencias, políticos birlando los recursos del erario, que habría elegido a un presidente de derecha y que sigue empeñado en la remota meta de 15 millones de turistas al año.

Estamos en el ficticio escenario de una Colombia que habría declarado que el cultivo de hoja de coca ya no era tan rentable para el campesinado y por tanto no había sembrada una sola hoja de coca y que por tanto ya no habría narcotráfico.

Y aun cuando parezca en cuento de hadas, el escenario de una Colombia posnarcotráfico ya se lo están planteando algunos pensadores, sintiendo que cada día se van dando más condiciones para que esto llegue a ocurrir en un plazo mucho más corto del que muchos creen y no precisamente por políticas públicas acertadas de parte del actual gobierno de Gustavo Petro quien, sin sonrojo alguno, ha salido a decir que cultivar coca cada vez es menos atractivo para el campesino colombiano porque no se están pagando los mismos precios de hace algunos años.

Eso tal vez podría explicar que, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), las plantaciones de hoja de coca en Colombia disminuyeron un 7% en 2020, pasando de 154.000 hectáreas en 2019 a 143.000 hectáreas en 2020, lo cual supone la tercera reducción consecutiva desde el pico histórico de 171.000 hectáreas en 2017, cifras que hoy en día podrían ser mucho más elocuentes.

El presidente Gustavo Petro saca pecho orgulloso por este tipo de cifras, a pesar de sus medidas que son consideradas como ‘tibias’ por algunos analistas que no están de acuerdo con la suspensión de la erradicación manual y ni hablar de la aspersión con glifosato, que en el pasado dieron buenos resultados.

Para el presidente lo más importante es la ‘industrialización’ del agro para que los campesinos tengan oportunidades de crecimiento personal y económico en cultivos legales que podrían convertir a Colombia en un país no solo autosuficiente en su cadena de abastecimiento, sino también exportador de productos como el aguacate haas y otros.

¿Pero, por qué están disminuyendo los cultivos de coca?

El informe de la UNODC señala que la producción potencial de clorhidrato de cocaína se mantuvo estable en 1.228 toneladas en 2020, lo que indica un aumento del rendimiento por hectárea cosechada, debido a factores como el uso de semillas mejoradas, el uso de fertilizantes y pesticidas, el aumento de la densidad de siembra y el mayor número de cosechas al año.
Pero también existe un factor que podría llevar a pensar en que algún día se acabe el tráfico ilegal de cocaína en nuestros países y son las nuevas drogas alucinógenas que se están poniendo de moda en países como Estados Unidos y Canadá, de manera particular una de gran potencia y enorme peligrosidad: el fentalino.

El fentalino es un opioide sintético muy potente que se usa como en medicina como analgésico. Tiene una potencia superior a la morfina y a la heroína, y puede causar sobredosis fatales. Se puede administrar por diferentes vías, como parches, inyecciones o pastillas. También se puede encontrar en el mercado ilegal, mezclado con otras drogas.

El uso ilegal de esta droga consiste en consumirla sin receta médica o mezclarla con otras sustancias como heroína, cocaína o metanfetaminas. Se vende en forma de polvo, pastillas, gotas o spray nasal y procede de laboratorios clandestinos en China.

Los países en donde más ha crecido el uso ilegal del fentanilo en los últimos años son Estados Unidos y Canadá, donde se ha convertido en la principal causa de muerte por sobredosis de opioides. Según la OMS, en 2017 murieron por sobredosis de fentanilo aproximadamente 115 000 personas. También se ha detectado un aumento del consumo ilegal de fentanilo en México, donde los cárteles lo producen y lo exportan a Estados Unidos.

Y aun cuando es muy prematuro predecir que esta droga vaya a reemplazar la adicción de la cocaína, el comercio ilegal de fentanilo es un negocio muy lucrativo para el crimen organizado (mucho más que la cocaína), ya que una pequeña cantidad de esta droga puede generar grandes ganancias. Según algunos cálculos, un kilo de fentanilo puede costar entre 3.000 y 5.000 dólares en México y entre 1,5 y 2 millones de dólares en Estados Unidos o Canadá, que son los mayores consumidores.

De hecho no hay certeza que el consumo de este tipo de drogas haya impactado en la ingesta de cocaína en los países consumidores ya que el consumo de drogas ilegales puede variar según diferentes factores como la disponibilidad, el precio, la calidad, la demanda, la percepción del riesgo y las preferencias de los consumidores.

Sin embargo, algunos datos sugieren que el consumo de cocaína no ha disminuido a pesar del aumento del consumo de fentanilo. Por el contrario, ambos se han incrementado en los últimos años en algunos países como Estados Unidos y Canadá.

Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la UNODC, el consumo de cocaína ha aumentado en América del Norte desde 2015, alcanzando un nivel récord en 2019 (último dato disponible). Al mismo tiempo, el consumo de opioides sintéticos como el fentanilo también ha aumentado y se ha convertido en la principal causa de muerte por sobredosis en esta región.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, las muertes por sobredosis relacionadas con la cocaína aumentaron un 26.5% entre 2019 y 2020. De estas muertes, el 68.8% involucraron opioides sintéticos como el fentanilo. Esto indica que el fentanilo se ha mezclado con la cocaína en el mercado ilegal de las drogas, lo que puede aumentar el riesgo de sobredosis y adicción.

El caso cierto es que, a juzgar por las diferentes maneras como se ha afrontado la lucha contra las drogas en Colombia, es difícil imaginar un escenario como el planteado al principio de este artículo, de un país libre de cultivos ilícitos, pero con los mismos problemas de siempre.

Las políticas del actual gobierno no arrojan muchas esperanzas y por lo visto el tráfico y consumo de otras drogas que no provienen de Colombia, no solo no está disminuyendo el consumop de cocaína, sino que se está potenciando con estas sustancias.

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