EDITORIAL: LA JUSTICIA… ¿EXISTE?

Decía el filósofo griego Sócrates: “Cuatro características corresponden al Juez: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”.

Sócrates sabía sin lugar a dudas, que la justicia y el juez eran los pilares de la sociedad; él sabía que podrían fracasar todas las instituciones, inclusive la familia; pero si fracasaba la justicia el andamiaje de la sociedad se vendría abajo.

Por eso, ante su juicio injusto, no se defendió, no huyo, no pidió clemencia y con altivez y dando una bofetada al corrupto aparato judicial que lo juzgada, aceptó la cicuta.

¿Guardando las proporciones, cuántos Sócrates injustamente han sido condenados por jueces indignos de portar la toga? ¿Cuánto daño a las instituciones le hacen los fallos parciales, contra evidentes y abiertamente llenos de odio, rencor, venganzas políticas, pasionales y hasta de interés económico?

¿Hasta cuándo los frágiles ciudadanos podremos soportar estas situaciones? ¿Qué organismos probos y eficientes nos defenderán de la torcida, de la injusticia, de la trampa?

¿Quién podrá garantizar que los fallos son justos? ¿Quién investigará a los jueces indignos? ¿Tendremos los ciudadanos que acudimos creyendo en la majestuosidad de la justicia, pensar más en la cercanía de nuestro defensor con el Juez que en las pruebas de nuestra inocencia?

Sin duda alguna, estos hechos de injusticia no son generalizados, existen jueces probos y dignos que fallan de forma justa e imparcial, pero estos mismos jueces se preocupan porque muchos de sus más altos representantes prevarican amparados en la impunidad que les otorga su investidura y ante el miedo cómplice y cobarde de sus investigadores.

Consideramos que más daño le hace a las instituciones, al Estado, a la convivencia pacífica un fallo injusto que cien bombas terroristas.

Por eso nuestra lucha eterna será en demostrar lo dañino que es para todo el Estado, estas situaciones. Clamamos por justicia, a pesar que los espacios se cierren, a pesar que no cesen las mentiras, los montajes, los refritos, los falsos positivos jurídicos. Seguiremos difundiendo desde esta trinchera de la verdad, los mensajes de justicia y dignidad.

Seguiremos clamando a todas las instancias, las internacionales, las locales, para que los casos de injusticia manifiesta, de vindicta, de rencor, sean revisados, sean visibilizados.

No podemos bajar la guardia, no podemos seguir tomando cicuta en pleno siglo XXI, debemos pelear por la justicia, por la majestuosidad de ella, seguimos creyendo en ella. Muy a pesar de que muchos con una toga le hacen un daño inconmensurable a ella.

Podemos entonces concluir, que sí. Que sí existe justicia, que existen jueces probos que aún no se han dejado corromper, fracturar, cooptar y mientras exista uno solo de estos, estará la posibilidad de que las instituciones se salven y el derecho no sea la mayor invención en contra del hombre.

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