El linaje y el abolengo se heredan y hasta se vuelven tradicionales. El talante, la decencia y las buenas maneras se aprenden y aprehenden. Esto en razón de la renuncia de la magistrada de la sala de casación penal de la corte suprema de justicia de Colombia que, bajo la velada pretensión de posar como persona de buen talante, aprovecha —diría yo— los estertores de su periodo constitucional en la suprema corte de justicia para anunciar una dimisión que produzca en el imaginario social la semblanza de una servidora pública cuya pulcritud contrasta con la podredumbre que hoy el país conoce; se anida y se reproduce en las altas cortes de justicia de la cual hace parte, y que está a ocho días de abandonar.
“Nuestra sociedad colombiana padece de muchas patologías y aquella que más daño ha hecho es la mitomanía …”
Renunciar al cheque o al salario de ocho días para un asalariado del sueldo mínimo es un acto crucial y loable, lo es tanto como desprenderse de un pedazo de despensa doméstica y de vida. Pero ocho días de salario para un funcionario que cuenta con la fortuna de percibir por mas de 7 años un salario superior a los 20 millones de pesos, no deja de ser una burla y un acto cínico de oportunismo mediático bajo la hipócrita intención de presentarse ante el país con una acrisolada conciencia que no permite los rumores, la sospecha y el entredicho de la moral, lo cual antes que resultar sabio y cierto, no es más que una mofa a quienes respetan la dignidad y la majestad de la justicia, la familia y la sociedad misma. Ni los más cercanos pueden mirar sin ánimo de hilaridad este acto de dejación del cargo de la magistrada González De Lemus de ayer y González Muñoz de hoy. No comparto con el sociólogo que sostiene que las sociedades no pueden enfermarse porque no son organismos vivos. Nuestra sociedad colombiana padece de muchas patologías y aquella que más daño ha hecho es la mitomanía, que nos ha llevado a ser la sociedad de la mentira, de la hipocresía y el cinismo.
Lo más trágico de todo resulta ser que quienes tienen acceso a los medios masivos de comunicación terminan sacando un cuantioso botín de sus mentiras e hipocresías. En tanto ha sido difícil recoger calumnias después de lanzadas, también resulta difícil recoger falacias que tienen delineado su propósito colectivo; marcado desde su génesis. Habrá que tomar uno a uno a cada colombiano enterado para explicarle que la anunciada renuncia no era nada noble y que tenía y tiene unos propósitos que nadan tiene que ver con el altruismo y la decencia pública.

Maria del Rosario González Muñoz
En ese mismo orden, se ha sabido que detrás de esa renuncia, cuidadosamente marcada en el tiempo para que la renunciante no pierda el 100% de su prima de junio, se esconden, otro tipo de motivaciones hipócritamente guardadas, como aquellas que tienen que ver con la campaña y el proselitismo que acostumbran a hacerle, tres meses antes de irse, los honorables salientes al nuevo magistrado que debe remplazarlo. Así el proselitismo será más cómodo: Hacerlo como “ex” y no como magistrado titular, con la responsabilidad moral y jurídica a cuestas.
“Lo más trágico de todo resulta ser que quienes tienen acceso a los medios masivos de comunicación terminan sacando un cuantioso botín de sus mentiras e hipocresías.”
Esto seria lo menos. Pero y si fuera cierto, y no está descabellado ni lejos de serlo, que se estuviere preparando para integrar el proyectado tribunal de aforados, la mofa y la morisqueta jurídica de este episodio dormitorio sería la fresa de la desfachatez que hoy ocupa las primeras planas de los medios de comunicación, sobre todo por cuanto se cocina y se arde en los salones y pasillos de las altas cortes, y cuanto más en los elegantes salones de los clubes sociales del país entero, a los cuales acuden bien tiesos y bien majos todos los honorables magistrados que oronda y plácidamente aceptan homenaje, y merced de todos cuantos tengan intereses en los asuntos y “negocios” que se tramitan en la administración de justicia. Yo conocía parte del talante de la hoy ex -magistrada Maria Del Rosario González Muñoz y me tocó vivirlo en carne propia. Aun no olvido su sarcástica sonrisa frente a mis alegatos cuando me correspondió asumir mi defensa ante la corte suprema de justicia, donde ocupé el banquillo de los acusados por cuenta de los falsos testigos. Los jueces pueden sonreír frente a los chistes y a los temas jocosos pero no sobre la prevalencia de los derechos fundamentales de las personas que juzgan. Con el rumbo de la vida de las personas no se juega ni se hace chiste.
La magistrada que hoy dimite, supuestamente asqueada por la crisis de dignidad y decoro judicial que atraviesa la administración de justicia, no permitía que en mi condición de acusado hiciera contradicción y controversia de la prueba, bajo el liviano y no jurídico argumento que ya la honorable sala “conocía” la prueba, y así cortaba autoritariamente el discurso de la defensa. Los audios no me dejaran mentir jamás. La historia del talante de la magistrada que pretende sacar provecho y lucro moral de una renuncia oportunista y trasnochada, está en los audios y records de la corte suprema de justicia.
El talante de la magistrada queda registrado en la orden de extradición de un nacional que luchó hasta el cansancio para hacerle entender que no era la persona requerida por el país solicitante, y pese a las suplicas probadas fue favorable el concepto con ponencia de la dimitente y fueron las autoridades del exterior quienes atendieron el pedido del nacional extraditado y devuelto a su país. Pero ya tarde. La madre del extraditado murió en el intento. El acto de dignidad lo tienen los restantes magistrados o compañeros de salas de la dimitente, en no aceptarle que deje el cargo por renuncia sino por terminación del periodo constitucional y cerrarle al paso una nueva burla al país jurídico.
“Aun no olvido su sarcástica sonrisa frente a mis alegatos cuando me correspondió asumir mi defensa ante la corte suprema de justicia…”
Por ello, el talante no es de genes, se construye, se edifica, se hace, se dignifica. Y si fuera genético, debe demostrarse y probarse.
JAVIER CÁCERES LEAL



