El tusi, conocido como ‘cocaína rosada’ es muy común en festejos de élites exclusivos en algunas ciudades de Colombia. También se le asocia a círculos de poder

“Tusi” sabes: entre el lujo y el peligro, la droga que inquieta a Colomba

Conocido como la ‘cocaína rosada’, esta droga sintética se consume en las grandes fiestas de círculos exclusivos de Medellín y Bogotá, pero ahora también está afectando a la juventud menos favorecida debido a que se ha adulterado para abaratar costos. Informe especial.

El tusi, conocido también como “cocaína rosada”, ha ganado notoriedad en Colombia durante la última década. Esta droga sintética, que no tiene relación química con la cocaína pese a su nombre, es un cóctel impredecible de sustancias como ketamina, MDMA, cafeína y colorantes y su popularidad ha crecido tanto en las altas esferas sociales como entre los jóvenes de sectores populares, lo que ha encendido alarmas por sus peligros y su impacto social.

El consumo del tusi se documentó por primera vez en Colombia en 2012, asociado a círculos exclusivos de la élite en ciudades como Medellín y Bogotá.

Era conocido como “la droga de las modelos y reinas”, un producto vinculado al lujo y al glamour. Según Julián Quintero, sociólogo e investigador de la Corporación Acción Técnica Social (ATS), “el nombre ‘cocaína rosada’ fue un error que ayudó a popularizarla como un producto aspiracional”.

Sin embargo, su alcance se ha expandido rápidamente y hoy en día, el tusi no solo circula en fiestas de estrato alto o reuniones privadas de artistas y políticos, sino que también llega a barrios populares y eventos masivos.

En Medellín, por ejemplo, se encuentra tanto en discotecas exclusivas como en plazas callejeras controladas por bandas criminales.

Esta ‘democratización’ del consumo ha sido impulsada por la producción artesanal en laboratorios caseros, donde se adulteran las mezclas para abaratar costos y aumentar su disponibilidad.

El precio del tusi puede variar desde 70.000 hasta 200.000 pesos por gramo dependiendo de su calidad, lo que lo convierte en una droga costosa.

Sin embargo, versiones más económicas y adulteradas han hecho posible su acceso a sectores con menores ingresos lo cual ha permitido que adolescentes y estudiantes comiencen a consumirlo con mayor frecuencia.

Peligros para la juventud y círculos de poder

El tusi representa un riesgo significativo para los jóvenes colombianos. Su presentación llamativa —un polvo rosa con sabor dulce— desestigmatiza su consumo y lo hace atractivo para adolescentes que buscan experimentar o encajar socialmente.

Según Santiago Bedoya Moncada, secretario de Juventud de Medellín, “el enfoque criminalizador no está funcionando; necesitamos abordar el consumo desde la educación y la prevención”.

Además, estudios indican que esta droga es altamente adictiva y puede generar dependencia física y psicológica en poco tiempo.

Los efectos del tusi son tan variados como los componentes que lo integran. Entre ellos destacan euforia, alucinaciones y aumento de energía, pero también puede provocar hipertensión arterial, arritmias cardíacas, fallas renales o hepáticas e incluso episodios psicóticos.

En palabras del toxicólogo Jorge Alonso Marín: “Cada dosis es una ruleta rusa química. Los pacientes llegan con intoxicaciones graves porque no saben qué están consumiendo realmente”.

Por otro lado, el consumo del tusi no está limitado a los jóvenes ni a sectores vulnerables. Su presencia en círculos políticos, artísticos y empresariales refleja cómo esta sustancia se ha normalizado entre personas con altos ingresos y posiciones de poder.

En reuniones privadas o fiestas exclusivas, el tusi se presenta como un símbolo de estatus social. Esta doble realidad —entre el lujo y la marginalidad— dificulta aún más los esfuerzos para combatir su proliferación. Se dice incluso que en los más altos círculos del actual gobierno de Colombia se podría estar haciendo uso de esta droga, con los efectos descritos.

Nadie sabe en realidad si reacciones inesperadas como la ocurrida recientemente con la no admisión de dos aviones con deportados colombianos procedentes de Estados Unidos, cuando ya estaban autorizados, pudieron ser provocadas por los efectos de este alucinógeno.

Las alucinaciones y la falta de capacidad de reacción son efectos atribuidos a una droga que, posiblemente se consume en altos círculos del poder desde donde se generó la más grave crisis diplomática de que se tenga noticia en Colombia en las últimas décadas, cuando estuvo a punto de desatarse una guerra comercial contra Estados Unidos, la mayor potencia económica del mundo.

Un desafío para la salud pública

El auge del tusi pone en evidencia las limitaciones de las políticas actuales frente al consumo de drogas sintéticas en Colombia. La falta de regulación sobre nuevas sustancias psicoactivas (NSP) complica tanto el monitoreo como la atención médica adecuada para quienes sufren intoxicaciones. Según datos del proyecto ‘Échele Cabeza’, los ingresos hospitalarios relacionados con esta droga han aumentado drásticamente en los últimos tres años.

Además, la llegada del fentanilo al mercado colombiano agrava aún más el problema. Este opioide extremadamente potente ya ha sido detectado mezclado con algunas muestras de tusi, lo que eleva exponencialmente los riesgos para los consumidores.

En este contexto, expertos insisten en la necesidad urgente de campañas educativas enfocadas en reducir el consumo desde una perspectiva preventiva. También se requiere mayor inversión en investigación sobre estas sustancias emergentes para diseñar estrategias efectivas que protejan especialmente a los jóvenes.

El panorama actual muestra al tusi como una droga que trasciende barreras sociales: desde fiestas privadas hasta esquinas populares, su impacto sigue creciendo mientras sus riesgos permanecen ocultos bajo una fachada colorida y engañosa. Como advierte Quintero: “Es hora de dejar atrás los mitos sobre el tusi y enfrentar esta problemática con información clara y herramientas efectivas”.

89 comentarios

  1. Con respecto a esta droga ya todo mundo lo consume el problema viene del que lo produce.peto se ve claramente el interés de este informe al referirce a la noticia de reportar a los colombianos ,una maquiabelica propaganda para desacreditar al gobierno de Petro no soy petrista pero tampoco boba pata no darme cuenta que es realmente lo que quire decir a los ignorantes del pueblo que comen entero es muy ruin hacer esto y eres peor que el tusi y bruto para narrar tu cuento.

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