ARTÍCULO: El micrófono judicial

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La perversa costumbre de utilizar los micrófonos de los medios de comunicación para ventilar el sentido de sus fallos, ha puesto en la mira a los Magistrados de las Altas Cortes en Colombia, quienes con esta práctica violentan los derechos de los procesados.

El micrófono en la actividad judicial siempre ha sido y será dañino para los altos cometidos de la administración de justicia. Incluso en la diplomacia internacional el micrófono es un agente perturbador y generador de enconadas dificultades. El micrófono, definitivamente es una herramienta exclusiva para el trabajo de los señores periodistas. Quienes caen en la adorada tentación del micrófono judicial, terminan pagando los dictados irrefutables de la conocida sentencia popular de “ser dueño de lo que se calla y esclavo de cuanto se ha dicho”.

En nuestro ámbito interno fue la Corte Constitucional, quien puso de moda hacer pronunciamientos judiciales a través de “comunicados de prensa” que pese a tener ese “calificativo” producen efectos jurídicos y por qué no decirlo, políticos.

Fueron los mismos honorables magistrados de la Corte Constitucional; aquellos que tiene por misión la encomienda de la guarda de la integridad y supremacía de la constitución nacional, quienes adoptaron la costumbre judicial de anunciar el sentido de sus fallos mediante “comunicados de prensa” y posterior a ello, un semestre o un año después, hacían pública la sentencia o fallo judicial.

Ello quiere decir, sin ambage alguno que se anuncia con bombos y platillos qué posición judicial asumiría la Corte y posteriormente se diseña el texto del pronunciamiento. Ello ha traído no pocos inconvenientes: Magistrados alegando que el texto del fallo no es íntegramente fiel a lo discutido y aprobado en Sala. Fallos emitidos cuando algún honorable magistrado que participó en la discusión del tema ya no pertenece a la corporación de justicia constitucional y muchos inconvenientes más que no hacen honor a la tarea cuasi sagrada de los jueces de la República. Esto sin duda, es consecuencia de quitarle la herramienta de trabajo exclusiva de los periodistas para el uso selectivo y alternativo de algunos jueces y fiscales de la república.

No nos digamos mentiras. No nos rasguemos las vestiduras. En todos los procesos no se usa el micrófono judicial. Los jueces y fiscales de la República, tienen bien sabido y aprendido cuál y qué proceso judicial requiere de la intervención o ayuda del adminículo amplificador de filtraciones amañadas, mal intencionadas y convenientemente políticas para el momento histórico en que resulta apropiado para el trámite procesal. Eso está milimétricamente calculado. En ello no hay improvisaciones ni desatenciones ni nada que ocurra a las espaldas del operador jurídico interesado en que la herramienta de los periodistas cambie de tribuna. Es una maldad exquisitamente dolosa, condimentada con la vanidad propia del ser humano y el tinte de la perversidad agazapada en los vericuetos del los incisos y parágrafos de la ley que no prohíbe ni sanciona con severidad una conducta que anticipa las condenas y las penas a los procesados. Es el linchamiento moral previo, concomitante y posterior al proceso judicial del que se es protagonista como parte activa o pasiva. Es un cara y sello con el Dólar de Robert Redford.

Ya se ha vuelto costumbre que el sentido de los fallos judiciales sea anticipado por los Magistrados de la Corte Constitucional frente a los micrófonos de los medios.

Los honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia no son ajenos al síndrome del micrófono judicial. También ellos saben cuándo y cómo deben usar el malhadado aparatico perverso para la rama judicial.

Los honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia, le pidieron prestados los micrófonos a Caracol Televisión para contestarle al expresidente Uribe aquello que debían hacer dentro de la foja procesal. Tengo la absoluta seguridad que ese paso lo consultaron y lo debatieron en sala plena y evaluaron todos los pros y los contras y sabidos que eran más los males que los beneficios, resolvieron más por el micrófono que por el papel sellado. Y lo hicieron así porque les da igual que la sociedad los mire con desconfianza. Se trata de ganar una batalla personal. No se está pensando en los altos intereses ni en la majestad de la justicia. Si se pensara en esos atributos, seguro no saldrían los honorables magistrados iracundos y envalentonados a posar de jueces rabiosos y celosos de su quehacer judicial frente a una sociedad que no está pidiendo ni reclamando qué Magistrado es serio u honesto, si se embriaga y suelta la lengua o no.

La sociedad lo que está es ávida y sedienta de una administración de justicia seria, jurídica y no política ni fanfarrona en los medios de comunicación. Triste papel de los jueces de pretender en un estudio de televisión, dispensar probidad, rectitud y juridicidad. Eso no se hace en los estudios de televisión. Repito la vieja, conocida y manida expresión popular: Los jueces hablan en sus providencias. Lo demás es producto del desespero y del acorralamiento moral que martiriza y perturba al frágil de moral y de principios.

Mi padre solía decir que no era necesario que el hombre gritara que era honesto. Eso se nota sin decirlo. Una mujer no necesita gritar que es mujer: Eso se le nota. Así solía decirlo mi padre. Honorables jueces y fiscales de la República. Ténganse tranquilos: No necesitan decirnos que son honestos. No necesitan decirnos que son pulcros. No necesitan decirnos que son imparciales. No necesitan decirnos que no son políticos. No necesitan decirnos que no son venales. No necesitan decirnos que son inocentes. Tienen que serlo, están obligados a serlo. Basta con serlo y además, deben parecerlo. Así de sencillo.


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